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martes, 19 de febrero de 2013

IMPAGO DE LA DEUDA EXTERNA SE DESCARTA, PERO ¿Y LA DEUDA INTERNA?


Dentro de las prioridades de cualquier gobierno debe estar mantener la solvencia del país. Y en ello juega un papel preponderante el pago de la deuda externa, la disminución del riesgo país y el juego de la reducción del déficit para dar confianza a los inversionistas externos, reduciendo al mismo tiempo los intereses que se deben pagar (menor riesgo, menor interés). Sin embargo nos enfrentamos al siguiente dilema: ¿pagar las deudas a los acreedores extranjeros, pero impagar la deuda interna de las comunidades autónomas con las pymes del país? En este caso nos enfrentamos a un problema mayor y que tiene un efecto de bola de nieve. 

Impagar (o retrasar el pago) las facturas pendientes vuelve vulnerables a las pymes, que a su vez disminuyen su perfil crediticio y reducen su posibilidad de acceder a créditos con entidades bancarias. ¿Sin liquidez qué hay que hacer para sobrevivir? El ejemplo lo ha dado el gobierno: recortar. ¿Y por dónde recorta una pyme? Simplemente recortando empleo, y cuando no se puede recortar más: cerrando.

La solución a problemas complejos, cómo el que enfrenta España en este momento, es muchas veces más fácil de lo que se piensa. Darle liquidez al sistema social, fomentar el empleo y aupar la economía se puede lograr de una forma más rápida de lo que se cree. ¿Cómo? Empezando por pagar rápidamente las facturas pendientes, que acumulan más de 4.500 millones de euros y reduciendo cada vez más los tiempos promedios de pago hasta llevarlos a un tiempo razonable, por ejemplo un mes. 

Vuelvo y repito: cuando un problema es complejo, la solución es más sencilla de los que nos imaginamos. Para la muestra los invito a que lean el siguiente artículo: A veces solución es mas simple lo nos imaginamos.


lunes, 12 de noviembre de 2012

EL DEBACLE JAPONES: ¿QUÉ PUEDE APRENDER EUROPA?

Las últimas noticias que llegan desde el Oriente lejano no son para nada alentadoras: ni siquiera las famosas e impresionantes emisiones de moneda están logrando contener una caída pronunciada de la otrora poderosa economía japonesa. 

Solo quiero poner un dato sobre la mesa: en octubre de 2010 el Banco Japones (BoJ) anunció 60.000 millones de dólares en compra de activos financieros, a los cuales se deben sumar los 504.000 millones en agosto y otros 66.000 millones en octubre. En septiembre de 2012 hizo otra inyecciones por valor de 97.000 millones, para un total de 727.000 millones de dólares. ¿Por qué debe de preocuparnos tanto este asunto? Contrario a las medidas que está adoptando Europa de austeridad y más austeridad, Japón lo que ha hecho es invertir para generar actividad económica en la industria, infraestructura, así como en la reconstrucción de los daños causados por el tsunami y la fuga radioactiva de Fukushima. ¿Y tenemos esperanzas en que un rescate de 100.000 millones de Euros para la economía española vaya a detener la sangría?

Esto es una muestra de que las políticas expansivas, así como las restrictivas (austeridad) ya no son suficientes para generar actividad económica y esto se debe al nuevo balance macro económico: menos poder de las potencias económicas para explotar recursos naturales en terceros países a precios fijados para favorecer sus economías. Muchas países en desarrollo han tomado el control de los recursos de producción, que sumados a una mano de obra barata y menores controles de calidad, les permiten generar bienes de consumo más competitivos que están dejando por fuera del negocio a los países productores por tradición.

Quedaron atrás épocas como la que vivió Inglaterra y su poderosa Anglo-Persian Oil Company (ahora BP), con contratos de petroleo a 30, 50, 100 años con precios irrisorios para los países persas (ahora Irán) y que favorecieron gran parte del crecimiento Inglés. Llego la hora de los países emergentes. ¿Qué le queda entonces a las economías en estanflación? aumentar el consumo interno de bienes y servicios producidos en su mismo país para mejorar la balanza comercial con el resto del mundo, sin llegar a extremos de autarquía

jueves, 18 de octubre de 2012

ORGANISMOS SUPRANACIONALES: DE LA DEMOCRACIA A LA MONARQUÍA

Hay que exaltarlo y recordarlo siempre: La Unión Europea ha traído más beneficios que desventajas para esta pequeña porción del mundo. La reciente situación de paz, prosperidad y bienestar para sus ciudadanos, con un poco más de 60 años (desde el Tratado de París, 1951), se ha hecho posible gracias al “cemento” reunificador e igualitario que brinda este organismo supranacional y que ha sentado en la mesa a las principales potencias Europeas para lograr acuerdos de ganancia común.

También es cierto que todo lo que nos sucede es cíclico. Ya estamos acostumbrados a épocas de crisis, bonanza, crisis, nuevamente bonanza y así per secula seculorum. Los ciclos en la democracia también existen y los estamos comenzando a vivir (al parecer son muy largos, de varias generaciones) y para la muestra les comparto este interesante artículo de la democracia en América Latina (Ciclos de la democracia electoral en América Latina), reflejo de lo que podría ocurrir también en Europa. Sé que muchos son escépticos al respecto, por lo tanto también les recomiendo que vean una excelente película alemana llamada La Ola (link a la película).  

La evidencia empírica Europea nos muestra que actualmente estamos en frente de un nuevo ciclo de recogimiento democrático, que se identifica por pasar poderes nacionales a organismos extraterritoriales de elección no popular. No quiero hacer énfasis en la descripción de los mismos ni en sus complicados nombres, pero todos escuchamos en los diarios que estamos cediendo fiscalidad, justicia, banca, política social y medio ambiental, entre otros, a parlamentos seleccionados por nuestros elegidos democráticos mediante tramas, juegos de poder y guerras de peso macroeconómico. Al final cada quien tira para su lado y mientras se camine en esa dirección se seguirán perdiendo los derechos ya adquiridos. ¿Es justo que el FMI, por ejemplo, presione a Mariano Rajoy para que pida el rascaste? ¿Es justo que Ángela Merkel presione a España para que no lo haga (por ahora)? ¿Es justo que España no tenga representación en el BCE y que su último alfil haya remplazado en la institución? ¿Mario Draghi sentirá lo mismo cuando se habla de rescate a Italia, su país natal, que cuando se habla del de España? ¿Establecerá las mismas políticas y requerimientos para su país de origen o sería una traición nacional?

Este juego de presiones y la reducción cada vez mayor del espacio político de nuestros gobernantes, ya sea arrinconados por los mercados (que al final son una pequeña cantidad de personas y corporaciones en relación con el total de personas) o por sus colegas de otros países están derivando en soluciones supranacionales y muchas veces no igualitarias que al final hacen recordar historias ya pasadas, lecciones ya aprendidas de románticas épocas monárquicas donde, por ejemplo, Luis XIV de Francia decía con autoridad absoluta: “El estado soy yo…”.